Yo empezaba a conocer el mundo, no me explicaba muchas cosas, por ejemplo ¿Por qué separaban a lo becerritos de sus mamás?
Si, estaba en esa edad inquieta, tendría unos cuatro años, y yo que iba a saber que a las aves de corral no había que darles tortillas recién hechas, a mi se me figuraba que tenían hambre, y como iba a saber que ese cebú, estaba recluido porque pudiera matar al otro que estaba en el corral, y pos lloraba tan triste que hay vas Agüelo, y mira que se empiezan a trenzar, y los demás animales haciéndose a un lado, y yo ahí dentro, ¿pa´ onde corría? hasta que mi apá laza la cebú malandro y a garrotazos lo devuelve a su corral, y yo con aquel llanto, del susto, no del que me provocaron los animales sino aquel otro con los ojos furibundos por ver a aquellos sangrando y uno casi en la agonía y me suelta el orita vas a ver cabrón, pero, ¡ja!, en lo que cierra el corral corro a donde esta mi madre, y ella pos a defender al crío, ni modo que no.
Y así de la misma manera como iba yo a saber que no se le hecha pulque a los caballos, o que no se les da leche, o que si le pegas a la vaca esta patea, por cierto que buenos reflejos tenía mi apá.
Y una vez que lloraban tanto, pues que los desamarro y les abro el corral, y ahí bien contentos con sus mamas, y ¡mira! Como no iban a llorar si tenían un montón de hambre, mira como le beben la leche a su mama la vaca, y anda, ahí viene mi apá, las va a ordeñar, y mira como le cambia la cara cuando ve a todos los becerritos comiendo, yo hasta pensé que me iba a felicitar por atenderlos y no, me agarra de la mano izquierda me levanta en vilo y yo suelto el llanto, agarra una vara y esta a punto de atizarme, y llega ella, me toma, me pone tras ella, él insiste, y ella toma una pieza de la leña pal fuego, “tú le das uno con la vara, yo te devuelvo uno con este”, eso dijo mi mamá y supe que iba estar bien protegido siempre.
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